martes, 9 de diciembre de 2014



Es increíble y suena a tópico, pero la vida es una montaña rusa…

Los días pasan, el tiempo se va gastando, y en esa aventura pasas de 0 a 100 en cuestión de minutos. La mente es como un embudo (sobre todo la mía). Hay épocas que son livianas, fáciles y tranquilas porque toda la información y todas las experiencias pasan una tras otra por su hueco. Sin embargo hay otras en las que millones de letras escritas, sonidos, voces, susurros, canciones… se incrustan todas deseosas por pasar y realmente, no pasa ni una sola, producen mareos y fatigas.

Y lo más irónico de todo es que somos nosotras y nosotros mismos quienes las agolpamos, quienes las buscamos y quienes elegimos tener nuestros minutos de gloria, aunque sepas que al final del día te costará dormir porque “no sabes” y tampoco “quieres saber” cómo agrandar ese embudo maldito por el que no pasa ni un simple trago de saliva.

Mientras los días pasan, la vida sigue. Los grandes momentos se acercan y toca la decisión y el momento de –no mirar atrás-. Pero hay quienes dicen y aseguran  que todo esfuerzo tiene su recompensa, que quien siembra recoge… pero a veces se tiene la sensación de estar labrando sin parar, y el cansancio y el sol en la cara puede quemar.

Habrá que dejar correr el tiempo. El futuro está aquí, llegará. El pasado ya jamás volverá, eso es así. Lo que quede por venir (para bien o para mal) es nuestro y nos tenemos que preparar para afrontarlo.

Y como veo que hoy no ando ni medio coherente, me voy a abrir una cerveza y un buen libro. Hoy voy a evitar a Benedetti, que descansa en mi mesilla de noche como si de una Biblia se tratase, y menos mal que no soy creyente…

Bueno… pero  dejo  un trozo de él y cierro, que se me calienta la cerveza.


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