sábado, 11 de enero de 2014

Creo que con los años, me estoy volviendo más intolerante. Y no es que tenga mucha edad, es que a veces me asusto yo misma de cómo están haciendo estrago en mí en muchos aspectos, y en algunos de ellos... no me gusta lo más mínimo.

Llevo varios días con fiebre, quizás ese haya sido el motivo de que finalmente y de una vez por todas, me decida a crear un blog como los que tanto están de moda, sabiendo (y quizás, esperando) de que nadie (o casi nadie) entre a cotillear.

No quiero hacer de este medio una herramienta de reivindicación social o política, pues ya, desde mi modesta opinión, estamos sobresaturados de blogs, artículos y perfiles con tal finalidad. Lo que pretendo plasmar y escribir, siempre que me apetezca y me de la gana, son las cosas que observo, las que analizo banalmente, para que sea entendida por todas las personas que decidan darse una vuelta por aquí.

Lo que hoy me ha traido a escribir unas líneas, es lo “feliz” que he visto yo estos días de reclutamiento obligado en cama, a muchas personas. Y digo “feliz”, porque me da la sensación de que muchas de ellas miden su “felicidad” en fotos retocadas, en textos motivadores copiados y en citas del novedoso invento capitalista “Mr. Wonderful”, cuya marca es capaz de hacerte tremendamente feliz y positiva/o ante la vida, previo pago de 15 euros por tacita o 12 por cuadernito en blanco.

Tras estos 3 días de reclutamiento en cama, al principio, cuando abría Facebook o cualquier otra red social, pensaba “joder, admiro a esa gente, todo el día feliz, en un mundo multicolor donde van saltando con sus paraguas de colores por las nubes”, luego, detenida en pensar en todos los flecos y las segundas caras de esas vidas tan maravillosas, me daba por pensar que quizás esas vidas multicolores no eran más que vidas normales, y lo más peligroso, puede que ni eso. Y yo tengo mi teoría, que claro está... será errónea, pero es mía. Si alguien siente la necesidad de estar 23 horas de 24 que tiene el día haciendo creer al personal lo “maravillosa” que es su vida de color, quizás se esté engañando el/ella mismo/a. Está gastando más tiempo en hacernos creer a los demás lo que no es, que en disfrutar de la felicidad de la que presume, o en cambiar esas cosas que trastornan su felicidad verdadera.

Ya es hora de ir acabando por hoy, que me noto subir los sudores febriles y eso no puede traer nada bueno de cara al estreno del Blog. Sólo me gustaría aclarar que no tengo nada en contra de las técnicas de motivación que tenga cada uno consigo mismo, siempre y cuando éstas funcionen de verdad y no sean una simple tapadera.

Quizás también sea un problema mío, que cuando lo necesito, no encuentro mi propia forma de automotivación (no es que las necesite ahora, que os veo venir... ).


PD: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Vamos, que si te ves reflejado/a, no me martirices, (y si me martirizas, es porque quizás escueza algo...).

Prometo que la próxima semana subiré algo digno que explique el “por qué” de mi -intolerancia-, pero esta flojera no me acompaña de momento.