Creo que con los años, me estoy
volviendo más intolerante. Y no es que tenga mucha edad, es que a
veces me asusto yo misma de cómo están haciendo estrago en mí en
muchos aspectos, y en algunos de ellos... no me gusta lo más mínimo.
Llevo varios días con fiebre, quizás
ese haya sido el motivo de que finalmente y de una vez por todas, me
decida a crear un blog como los que tanto están de moda, sabiendo (y
quizás, esperando) de que nadie (o casi nadie) entre a cotillear.
No quiero hacer de este medio una
herramienta de reivindicación social o política, pues ya, desde mi
modesta opinión, estamos sobresaturados de blogs, artículos y
perfiles con tal finalidad. Lo que pretendo plasmar y escribir,
siempre que me apetezca y me de la gana, son las cosas que observo,
las que analizo banalmente, para que sea entendida por todas las
personas que decidan darse una vuelta por aquí.
Lo que hoy me ha traido a escribir unas
líneas, es lo “feliz” que he visto yo estos días de
reclutamiento obligado en cama, a muchas personas. Y digo “feliz”,
porque me da la sensación de que muchas de ellas miden su
“felicidad” en fotos retocadas, en textos motivadores copiados y
en citas del novedoso invento capitalista “Mr. Wonderful”, cuya
marca es capaz de hacerte tremendamente feliz y positiva/o ante la
vida, previo pago de 15 euros por tacita o 12 por cuadernito en
blanco.
Tras estos 3 días de reclutamiento en
cama, al principio, cuando abría Facebook o cualquier otra red
social, pensaba “joder, admiro a esa gente, todo el día feliz, en
un mundo multicolor donde van saltando con sus paraguas de colores
por las nubes”, luego, detenida en pensar en todos los flecos y las
segundas caras de esas vidas tan maravillosas, me daba por pensar que
quizás esas vidas multicolores no eran más que vidas normales, y lo
más peligroso, puede que ni eso. Y yo tengo mi teoría, que claro
está... será errónea, pero es mía. Si alguien siente la necesidad
de estar 23 horas de 24 que tiene el día haciendo creer al personal
lo “maravillosa” que es su vida de color, quizás se esté
engañando el/ella mismo/a. Está gastando más tiempo en hacernos
creer a los demás lo que no es, que en disfrutar de la felicidad de
la que presume, o en cambiar esas cosas que trastornan su felicidad
verdadera.
Ya es hora de ir acabando por hoy, que
me noto subir los sudores febriles y eso no puede traer nada bueno de
cara al estreno del Blog. Sólo me gustaría aclarar que no tengo
nada en contra de las técnicas de motivación que tenga cada uno
consigo mismo, siempre y cuando éstas funcionen de verdad y no sean
una simple tapadera.
Quizás también sea un problema mío,
que cuando lo necesito, no encuentro mi propia forma de
automotivación (no es que las necesite ahora, que os veo venir... ).
PD: Cualquier parecido con la realidad
es pura coincidencia. Vamos, que si te ves reflejado/a, no me
martirices, (y si me martirizas, es porque quizás escueza algo...).
Prometo que la próxima semana subiré
algo digno que explique el “por qué” de mi -intolerancia-, pero
esta flojera no me acompaña de momento.
