Es
increíble y suena a tópico, pero la vida es una montaña rusa…
Los
días pasan, el tiempo se va gastando, y en esa aventura pasas de 0 a 100 en
cuestión de minutos. La mente es como un embudo (sobre todo la mía). Hay épocas
que son livianas, fáciles y tranquilas porque toda la información y todas las
experiencias pasan una tras otra por su hueco. Sin embargo hay otras en las que
millones de letras escritas, sonidos, voces, susurros, canciones… se incrustan
todas deseosas por pasar y realmente, no pasa ni una sola, producen mareos y
fatigas.
Y lo
más irónico de todo es que somos nosotras y nosotros mismos quienes las
agolpamos, quienes las buscamos y quienes elegimos tener nuestros minutos de
gloria, aunque sepas que al final del día te costará dormir porque “no sabes” y
tampoco “quieres saber” cómo agrandar ese embudo maldito por el que no pasa ni
un simple trago de saliva.
Mientras
los días pasan, la vida sigue. Los grandes momentos se acercan y toca la
decisión y el momento de –no mirar atrás-. Pero hay quienes dicen y aseguran que todo esfuerzo tiene su recompensa, que
quien siembra recoge… pero a veces se tiene la sensación de estar labrando sin
parar, y el cansancio y el sol en la cara puede quemar.
Habrá
que dejar correr el tiempo. El futuro está aquí, llegará. El pasado ya jamás
volverá, eso es así. Lo que quede por venir (para bien o para mal) es nuestro y
nos tenemos que preparar para afrontarlo.
Y como
veo que hoy no ando ni medio coherente, me voy a abrir una cerveza y un buen
libro. Hoy voy a evitar a Benedetti, que descansa en mi mesilla de noche como
si de una Biblia se tratase, y menos mal que no soy creyente…
Bueno…
pero dejo un trozo de él y cierro, que se me calienta la
cerveza.
