domingo, 4 de enero de 2015

Vivir...



He dormido cuatro horas en mi único día de descanso y no estoy cansada. Es más, me he despertado con una sonrisa de oreja a oreja y con ganas de levantarme y seguir viviendo, pero ¿qué es vivir?...

Hay personas que llaman -vivir- a despertarse cada mañana, embutirse en sus rutinas incoloras y caminar, esperando el momento en el que el día se apague y la única ilusión sea esperar la mañana siguiente. Hay personas que, por el contrario, necesitan una aventura constante en sus vidas. No pueden estar mucho tiempo en el mismo lugar ni con las mismas personas, pero sin embargo, van enamorándose de todo lo que tocan y de todo lo que pisan… para ellas, eso es vivir.

También hay personas que son felices pisando al resto, haciendo daño. En estas personas no me detengo ni un segundo. También las hay, por el contrario, que llaman –vivir- a darse a los demás, en hacer depender esa felicidad de la sonrisa de quien tienen enfrente y se dejan la piel y lo que no es la piel, en ello…

La verdad es que no tengo ni idea de los tipos de personas que hay teóricamente aceptadas en la actualidad, ni tampoco me interesa si existen estudios concretos sobre ello. Hoy me centro en lo que es la felicidad para mí, que tendré un poquito de todo: de rutinaria, de aventurera, de hijaputismo y de buena persona, un popurrí.

Todo esto que estoy soltando, que no tiene sentido ninguno y mucho menos hará perder 10 minutos de su vida a nadie, lo escribo porque hoy me he dado cuenta al despertarme de que soy feliz. Nunca se es feliz totalmente, pero hoy soy más feliz que ninguna otra cosa, ¿y por qué?, por muchos motivos.

Porque tengo a la mejor familia del mundo a mi lado. A unos padres, unos hermanos, unas hermanas (no de sangre, pero como si lo fueran) y unos sobrinos que me llenan la vida, que me entienden con la mirada y que pase lo que pase, están a mi lado y lo estarán siempre.

Porque eso de “yo cuento a mis amigos con los dedos de una mano” no se aplica en mi vida. Estoy rodeada de las mejores personas del mundo y así me lo hacen saber. Las vea a diario o una vez cada mes. Con un abrazo, un gesto, una palabra… me alivian y hacen más llevaderas mis derrotas y más disfrutables mis triunfos.

Porque me dedico a lo que quiero dedicarme, a lo que me encanta y apasiona, y a lo que creo que es una de las únicas cosas que sé hacer: trabajar para que este mundo sea un poquito mejor y disfrutar aprendiendo en el camino. Porque tengo una grandísima suerte, y es la de aprender mientras trabajo; aprender mientras veo que mis esfuerzos generan sonrisas a los de mi lado, vaya cosa bonita… yo quiero seguir aprendiendo siempre de esta manera. Aprender de las personas que no saben las letras, ni escribir sus nombres ni sus sueños, pero que tienen tanto recorrido y tanto bueno a sus espaldas, que hacen de una charla con ellas la mejor de las clases magistrales de la vida.

También soy feliz porque, cuando menos lo esperas, aparece alguna ilusión con la que no contabas. Ilusiones que a ratos son duras, pero que a otros te hacen fuerte como si no hubiera nada que pudiera derribarte, y te quieres comer el mundo…

Voy a intentar enfocar mi vida a corto plazo en esa felicidad. Voy a caminar, caminar firme y pensando en el ahora. Voy a disfrutar de cada paso pedagógico y personal. Alguien me dijo hace poco “si tiene solución, para qué te vas a preocupar, y si no la tiene, para qué te vas a preocupar”.

Voy a disfrutar cada amanecer en la Isla de Rama Cay, de cada campesino que me sonría al mirarme o al abrazarme. De cada plato de gallopinto que se me quede en la garganta –pegao-. De cada anochecer y cada picadura de mosquito. De cada rato que me ponga a escribir. De cada experiencia y charla con las personas que me rodeen y de cada semana al mes que pueda volver a volar, si es que tengo que seguir volando…


Sed felices…

Tods tenemos derecho a soñar, derecho al delirio, como diría Eduardo Galeano…

martes, 9 de diciembre de 2014



Es increíble y suena a tópico, pero la vida es una montaña rusa…

Los días pasan, el tiempo se va gastando, y en esa aventura pasas de 0 a 100 en cuestión de minutos. La mente es como un embudo (sobre todo la mía). Hay épocas que son livianas, fáciles y tranquilas porque toda la información y todas las experiencias pasan una tras otra por su hueco. Sin embargo hay otras en las que millones de letras escritas, sonidos, voces, susurros, canciones… se incrustan todas deseosas por pasar y realmente, no pasa ni una sola, producen mareos y fatigas.

Y lo más irónico de todo es que somos nosotras y nosotros mismos quienes las agolpamos, quienes las buscamos y quienes elegimos tener nuestros minutos de gloria, aunque sepas que al final del día te costará dormir porque “no sabes” y tampoco “quieres saber” cómo agrandar ese embudo maldito por el que no pasa ni un simple trago de saliva.

Mientras los días pasan, la vida sigue. Los grandes momentos se acercan y toca la decisión y el momento de –no mirar atrás-. Pero hay quienes dicen y aseguran  que todo esfuerzo tiene su recompensa, que quien siembra recoge… pero a veces se tiene la sensación de estar labrando sin parar, y el cansancio y el sol en la cara puede quemar.

Habrá que dejar correr el tiempo. El futuro está aquí, llegará. El pasado ya jamás volverá, eso es así. Lo que quede por venir (para bien o para mal) es nuestro y nos tenemos que preparar para afrontarlo.

Y como veo que hoy no ando ni medio coherente, me voy a abrir una cerveza y un buen libro. Hoy voy a evitar a Benedetti, que descansa en mi mesilla de noche como si de una Biblia se tratase, y menos mal que no soy creyente…

Bueno… pero  dejo  un trozo de él y cierro, que se me calienta la cerveza.


viernes, 28 de noviembre de 2014

Hay que escribir. Lo tengo claro. Y no escribir exclusivamente cosas del mundo académico, no. Hay que escribir de una misma. De sus sentimientos, de las experiencias, de los momentos (más altos, pero también más bajos), y creo que es de las mejores medicinas para el alma, la mente y el corazón que tenemos...

Hoy necesito escribir. Creo, si el tiempo me lo permite y las ganas y la ilusión también, que dedicaré a escribir un blog sobre mis sentimientos desde ya, desde hoy. Lo necesito.

Y es que he vivido dos de los días más intensos que recuerdo. Entre otras cosas, me he enterado de que en dos meses vuelvo a viajar a Nicaragua sin fecha establecida de vuelta, como mínimo, el 24 de agosto. No os voy a engañar, yo soy una persona extremadamente cuadriculada (pobres amigos y amigas, l@s traigo loc@s, pero me quieren así) y no es fácil hacerse a la idea que tu vida, tal y como la tenías pensada y prevista, cambia de la noche a la mañana: cientos de flecos "pendientes" por cerrar; miedo, mucho miedo. Miedo pero también esperanza e ilusión, un chute de energía que dejan las dos personas (y muchas más), con las que he podido vivir estos momentos, días duros y lluviosos, alegres y tristes, pero tiernos y llenos de solidaridad y justicia.

A veces pienso que con el paso de los años me estoy volviendo menos madura y más niña, eso no quiere decir más "loca", pues siempre digo con peso de culpabilidad que no soy ni tan alegre ni tan divertida como antes. Niña e inmadura porque con 28 años me da pánico enfrentar ciertas cosas que hace 8 ni me planteaba, no me temblaban las piernas y ahora me tiembla la vida. Cuando me fui a dormir el día que me enteré de mi pronta partida empecé a llorar, y yo no soy de llorar fácilmente, ¿eh? pero lo necesitaba. Me imaginaba abrazando a mi sobrina intentando explicarle que no la vería en bastantes meses. Sé que es algo que, por incompetencia de nuestro penoso gobierno, están viviendo miles de jóvenes en España, pero eso que dicen de "mal de muchos, consuelo de tontos" a mí no me vale. Yo me voy porque quiero, porque tengo un compromiso pedagógico y vital y así lo quise hace ahora 8 años y me voy FELIZ.

A veces llegan a tu vida ráfagas de luz y de energía que tienes que aprovechar, que te hacen fuerte, tan fuerte, que eres capaz de decir y hacer cosas que llevas bastante tiempo meditando. Estos dos días han sido una ráfaga de luz para mí (y mira que han sido grises y lluviosos), pero... ¡al mal tiempo, buena cara!

Poco más, porque quiero escribir mucho, quiero hacer de este, mi diario de campo "moderno", donde plasmar mis sentimientos durante estos dos meses de preparativos y donde también, escribir algo de lo que recoja en mi diario (y trabajo) de campo en mi estancia en Rama Cay.


Cabalgando, remando, caminando, los brigadistas de la alfabetización penetran las más escondidas comarcas de Nicaragua. A la luz del candil, enseñan a manejar el lápiz a quien no sabe, para que nunca más lo engañen los que se pasan de vivos.
Mientras enseñan, los brigadistas comparten la poca comida, se agachan en el acarreo y la deshierba, se pelan las manos hachando leña y pasan la noche tendidos en el suelo, aplaudiendo mosquitos. Descubren miel silvestre dentro de los árboles y dentro de las gentes leyendas y coplas y perdidas sabidurías; poquito a poco van conociendo los secretos lenguajes de las hierbas que alegran sabores y curan dolencias y mordeduras de serpientes. Enseñando, los brigadistas aprenden toda la maldición y la maravilla de este país, su país, habitado por sobrevivientes: en Nicaragua, quien no se muere de hambre o peste o tiro, se muere de risa.


Galeano, 1980. Descubriendo.

 

sábado, 11 de enero de 2014

Creo que con los años, me estoy volviendo más intolerante. Y no es que tenga mucha edad, es que a veces me asusto yo misma de cómo están haciendo estrago en mí en muchos aspectos, y en algunos de ellos... no me gusta lo más mínimo.

Llevo varios días con fiebre, quizás ese haya sido el motivo de que finalmente y de una vez por todas, me decida a crear un blog como los que tanto están de moda, sabiendo (y quizás, esperando) de que nadie (o casi nadie) entre a cotillear.

No quiero hacer de este medio una herramienta de reivindicación social o política, pues ya, desde mi modesta opinión, estamos sobresaturados de blogs, artículos y perfiles con tal finalidad. Lo que pretendo plasmar y escribir, siempre que me apetezca y me de la gana, son las cosas que observo, las que analizo banalmente, para que sea entendida por todas las personas que decidan darse una vuelta por aquí.

Lo que hoy me ha traido a escribir unas líneas, es lo “feliz” que he visto yo estos días de reclutamiento obligado en cama, a muchas personas. Y digo “feliz”, porque me da la sensación de que muchas de ellas miden su “felicidad” en fotos retocadas, en textos motivadores copiados y en citas del novedoso invento capitalista “Mr. Wonderful”, cuya marca es capaz de hacerte tremendamente feliz y positiva/o ante la vida, previo pago de 15 euros por tacita o 12 por cuadernito en blanco.

Tras estos 3 días de reclutamiento en cama, al principio, cuando abría Facebook o cualquier otra red social, pensaba “joder, admiro a esa gente, todo el día feliz, en un mundo multicolor donde van saltando con sus paraguas de colores por las nubes”, luego, detenida en pensar en todos los flecos y las segundas caras de esas vidas tan maravillosas, me daba por pensar que quizás esas vidas multicolores no eran más que vidas normales, y lo más peligroso, puede que ni eso. Y yo tengo mi teoría, que claro está... será errónea, pero es mía. Si alguien siente la necesidad de estar 23 horas de 24 que tiene el día haciendo creer al personal lo “maravillosa” que es su vida de color, quizás se esté engañando el/ella mismo/a. Está gastando más tiempo en hacernos creer a los demás lo que no es, que en disfrutar de la felicidad de la que presume, o en cambiar esas cosas que trastornan su felicidad verdadera.

Ya es hora de ir acabando por hoy, que me noto subir los sudores febriles y eso no puede traer nada bueno de cara al estreno del Blog. Sólo me gustaría aclarar que no tengo nada en contra de las técnicas de motivación que tenga cada uno consigo mismo, siempre y cuando éstas funcionen de verdad y no sean una simple tapadera.

Quizás también sea un problema mío, que cuando lo necesito, no encuentro mi propia forma de automotivación (no es que las necesite ahora, que os veo venir... ).


PD: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Vamos, que si te ves reflejado/a, no me martirices, (y si me martirizas, es porque quizás escueza algo...).

Prometo que la próxima semana subiré algo digno que explique el “por qué” de mi -intolerancia-, pero esta flojera no me acompaña de momento.